En el marco de Open House Madrid 2025, Brenda Ranieri abrió su espacio de trabajo como un territorio donde lo sólido y lo inacabado conviven. Las formas cerámicas aparecían como vestigios de una arqueología imaginada: piezas procedentes de un tiempo incierto, a medio camino entre ruina y germen.
Cada obra surge de la mezcla de pastas cerámicas con arcilla local, metal reciclado y otros recursos naturales. Al atravesar distintas temperaturas, estos materiales se expanden, resisten o se deforman, convirtiendo al horno en coautor. Una fuente situada en el centro de la instalación mantuvo vivo el diálogo entre fuego, agua y tierra. La propuesta invitaba a percibir aquello que permanece y aquello que está a punto de mutar.