Brenda Ranieri

Ficha técnica

A.40

Año
2026
Materiales
Caolín silvestre, cerámica, metal, pizarra y materiales naturales recolectados
Dimensiones
23 × 18 × 16 cm
Tipo
Pieza única
Obra

Ctonia

Brenda Ranieri, 2026

En Ctonia, Brenda Ranieri crea una composición con materiales del territorio recolectados por ella misma, como caolín silvestre, metal y pizarra, junto con piedras de diseño propio. La pieza surge de un proceso de observación, deriva y trabajo de campo que concibe la materia como un archivo activo del territorio: un cuerpo capaz de contener historias geológicas, transformaciones humanas y memorias latentes. El título remite a lo ctónico, a las fuerzas y materias vinculadas con la profundidad de la tierra, que en la obra emergen como presencias activas.

La obra se inscribe en una investigación en torno a la postnaturaleza y a la continuidad entre materia, técnica, cuerpos y paisaje. Como se plantea en La condición postnatural: «Una mirada postnatural trataría, pues, de desarticular las precondiciones epistemológicas y los prejuicios culturales que aún nos llevan a establecer una distinción ontológica entre lo natural y lo artificial, y que nos han conducido a este escenario de crisis que está marcando nuestro presente. Tal vez, al difuminar esta línea, al abandonar la distinción entre lo natural y lo artificial, y si pasamos a incluirnos en un todo complejo que incluya humanos, otros-que-humanos, geologías, tecnologías, materias y cuerpos, podremos salir de esa trampa letal en la que nos encontramos».

Desde esta perspectiva, Ctonia configura un cuerpo híbrido en el que lo geológico, lo cerámico y lo industrial participan de una misma ecología material. El caolín, las piedras, la pizarra, el metal y el gesto de la artista comparecen como agentes portadores de temporalidades y capacidades propias. Sus encuentros, fricciones y transformaciones construyen una materialidad situada, atravesada tanto por las condiciones del territorio como por los procesos técnicos desarrollados en el taller.

La pieza propone una lectura expandida del paisaje, entendido como una trama de relaciones entre procesos geológicos, acciones humanas, tecnologías y formas de vida más-que-humanas. La práctica escultórica se convierte así en una forma de conocimiento y vinculación: recolectar, formular, modelar y ensamblar son gestos que acercan la materia y permiten atender a las interdependencias que configuran el presente.