Una ensoñación es un susurro interno. Una vibración sutil que une los cuerpos, los modela, los forja y los contiene.
También es un jardín latente, el murmullo del agua y de los seres que lo habitan. Muchos de estos jardines emanan de una ruina, constituyéndose en la mirada consciente y profunda, aquella que solo una ensoñación puede otorgar. De todo esto habla Brenda Ranieri en su diálogo íntimo con lo matérico, transitando el umbral donde lo tangible se disuelve y lo invisible se revela.
Texto por Alejandra Díaz-Guerra.